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La experiencia de entregar una tutela

Tutela

“Aunque la Constitución Política de 1991 estipula que la ley organizará mecanismos de participación ciudadana para vigilar el cumplimiento de la gestión pública, con miras a la construcción de prácticas democráticas que vinculen al ciudadano en las dinámicas de concertación, control y vigilancia de la gestión pública (Constitución: Artículo 103),… [se observa hasta hoy] la ‘cultura del atajo’ y el ‘todo vale’; el incumplimiento por parte de muchas entidades públicas del derecho de acceso a la información, entre otras.”

(Propuestas para la construcción de políticas públicas para la reconciliación y la paz en Colombia, CCN, 2013; página 55)

Muchos tienen la costumbre de quejarse de los malos manejos de la política en las noches de los viernes culturales después de unos tragos, sin embargo, al llegar la mañana del lunes, cuando vuelven, estar en sano juicio, también olvidan sus obligaciones. Aún así, la legitimidad del Estado Democrático depende también de la acción valiente del ciudadano raso, como lo demuestra el siguiente relato:

La experiencia de entregar una tutela

“Mi trabajo en el servicio civil para la paz es muy diverso. Hoy me tocó ir a la Corte Suprema de Justicia para ayudar a una persona que aún sigue en la cárcel por un delito de rebelión que ya debería haberse amnistiado desde la firma de los acuerdos entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep. La dirección de la Corte Suprema de Justicia que el prisionero me brindó queda muy cerca de la Plaza de Bolívar. Yo entré a una casa antigua e impresionante. Como es de costumbre en muchas instituciones, me tocó esperar alrededor de 45 minutos en la fila para presentar el asunto. El funcionario me dijo que no era el lugar indicado para entregar el documento y que tendría que dirigirme al Centro de Servicios Judiciales de Paloquemao, ubicado en la Calle 19 con Carrera 30. Desde este momento comenzó mi batalla por la tutela.

Tenía que esperar 1 hora y media en otra fila y los funcionarios tampoco querían ayudarme con una tutela. Me remitieron al Tribunal Superior de Bogotá en la Sala Penal. Otro viaje, otra experiencia. Primero, un policía no me quería dejar entrar a la Secretaría de la Sala Penal. Yo insistí y mostré mi cédula extranjería, por lo que finalmente me dejó entrar. Tras esperar otra hora, una señora me dijo que tenía que volver al Corte Suprema de Justica en el centro, ya que se trata de un delito que tiene que ver con la Justicia Especial para la Paz.

Normalmente soy una persona tranquila y diplomática, sin embargo, en esta situación sentía rabia. Demostré mi pasaporte alemán con el título de doctorado y también mi carnet del servicio para la paz y dije en voz alta que tal desinformación y mala organización no ayudaba al proceso de paz. La gente en la sala escuchó mis palabras. 5 minutos más tarde llegó el jefe de la señora para decirme que sí podía entregar la tutela y que ellos iban a enviarla. Después de esta experiencia, yo me pregunté: si para mí es tan complejo realizar el trámite, por ejemplo ¿cómo un campesino o una víctima pueden solicitar algo parecido?”

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