Monitoreo medios

Lista de noticias de temas de interés en el proceso de paz en Colombia y temas que establezcan una relación en Reconciliación y Paz.


 

Papa e Iglesia impulsan la reconciliación en Colombia

En los nueve meses transcurridos desde que Colombia aprobó el histórico acuerdo de paz con el mayor grupo rebelde del país que cerró el largo conflicto armado latinoamericano, la iglesia católica ha abanderado la readmisión de los rebeldes en la vida civil, conduciendo a una nación todavía resentida hacia la reconciliación. Se espera que el papa Francisco se apoye en esos esfuerzos durante su viaje de esta semana al país sudamericano.

Los sacerdotes celebran misa en los campos donde los rebeldes han dejado las armas. Cooperantes católicos ayudan a exguerrilleros a buscar a familiares que no ven desde hace décadas. En las comunidades rurales más afectadas por los 53 años de conflicto, equipos de psicólogos y trabajadores sociales de la iglesia explican el acuerdo de paz y facilitan encuentros con unos excombatientes de los que muchos desconfían. “La tarea inmediata es implementar los acuerdos, pero el mayor reto es cómo reconciliar a los colombianos”, explicó el padre Darío Echeverri, secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional, una organización no gubernamental creada por la Conferencia Episcopal en 1995. Francisco ha sido uno de los principales defensores de la paz en este país de profundas raíces católicas, instando a los líderes que estaban a favor y en contra del pacto a que dejasen de lado sus diferencias. Rezará por la reconciliación nacional en la ciudad de Villavicencio, donde se espera que se congreguen 6.000 víctimas de todo el país. Y beatificará a un obispo colombiano asesinado en 1989 por el Ejército de Liberación Nacional, otro grupo rebelde de izquierdas que negocia ahora la paz con las autoridades colombianas.

 

Pero el pontífice argentino podría enfrentarse también con el profundo descontento generado por el pacto incluso dentro de su institución. “Hay sectores de la iglesia que tienen cierta resistencia”, señaló Fernán González, coordinador para la paz y el desarrollo en una organización jesuita en Bogotá. “Esto mezcla cosas que tienen que ver con la moral católica pero también con posiciones políticas”.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, nacieron a mediados de la década de 1960 para una insurrección armada que buscaba derrocar al sistema y abrir una vía a la redistribución de la tierra en medio de la desigualdad económica.

Históricamente, gran parte de las FARC han mantenido una postura hostil hacia la religión, tanto por considerar que la iglesia católica era una fuerza reaccionaria que respaldaba al Partido Conservador durante una guerra civil de 10 años conocida como “La Violencia”, como por el ateísmo propio de la ideología comunista del grupo.

“Casi todos estos asesinatos fueron atribuido a guerrillas de izquierdas, especialmente a las FARC”, concluyó un reporte de 2004 remitido al Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.  A pesar del derramamiento de sangre, la Iglesia se posicionó como una fuerza mediadora. Durante los cuatro años de negociaciones en La Habana que desembocaron en el histórico acuerdo del año pasado, sacerdotes acompañaron a las víctimas a Cuba a declarar sobre las atrocidades sufridas y abogaron por los grupos indígenas.

El propio Francisco dio un fuerte impulso a los negociadores en su visita a Cuba en 2015, diciéndoles que no tenían el derecho de abandonar los esfuerzos de paz. Y dijo que visitaría Colombia una vez se firmase la paz.  El total, el conflicto dejó más de 250.000 muertos, 60.000 desaparecidos y millones de desplazados, unas heridas que para muchos no pueden cerrarse con los generosos términos ofrecidos a las FARC en el acuerdo.

Los colombianos rechazaron el pacto por una estrecha mayoría en un referéndum antes de su aprobación en el Congreso. “La gente sigue pensando que las FARC deben pagar con sangre y cárcel”, dijo Diego Lerma, un empleado de la Iglesia que colabora en los esfuerzos de reconciliación.

El primer año de vida del acuerdo ha estado marcado por logros mediáticos como el desarme de la guerrilla y por los sonados fracasos del gobierno para llevar servicios a las comunidades de difícil acceso donde las autoridades han tenido históricamente poca presencia y donde los rebeldes están iniciando su nueva etapa como civiles.

Los exguerrilleros que llegaron a muchas de las 26 zonas de desmovilización se toparon con poco más que campo de lodo. Y meses después siguen viviendo en tiendas de campaña en lugar de en los edificios con agua corriente y electricidad que el gobierno prometió. Veintidós exmiembros de las FARC o sus familiares fueron asesinados desde el final de las hostilidades, según un abogado del grupo rebelde, que ahora se está transformando en partido político.

Es en esas regiones aisladas donde la iglesia católica casi siempre cuenta con una parroquia.

En la zona de transición de las FARC en Vigía del Fuerte, una comunidad asentada junto a un enlodado río a la que se solo se puede acceder en barco, Magaly Manco, de la Comisión Nacional de Conciliación, guía a excombatientes en su nueva vida como civiles.

En uno de los ejercicios, entrega masa para jugar a un grupo de hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, que cambiaron sus uniformes de combate por tejanos y jerséis y les pide que den forma a lo que, para ellos, simboliza su transición. Uno moldea un colibrí. Otro da forma a un parque infantil. Otro, una iglesia.

Aunque de ideología marxista, la mayoría de los rebeldes recuerda haber recibido la primera comunión e ir a la iglesia con sus familias. Guardaron sus rosarios para protegerse y rezar cuando caían las bombas.

“Ateo, ateo, yo creo que no habemos ninguno”, sentenció Elkin Sepúlveda, que entró a las FARC con 15 años. “Todos tenemos en nuestra cabeza los costumbres de los abuelos. Y en la mayoría de nuestros hogares eran católicos”.

Para algunos responsables de la Iglesia, no fue del todo una sorpresa que el comandante rebelde en Vigía del Fuerte pidiese los bautismos.  “Al quitarse el rol de combatientes, de guerreros, dejarse el uniforme, entregar las armas, el rol que les queda o deben retomar es su historia personal”, apuntó Oscar Acevedo, responsable de los talleres de la Comisión Nacional de Conciliación en campos de las FARC. “Ellos han reconocido que su origen ha sido católico”.

Así que se acordó una fecha y se improvisó una iglesia.

Los jóvenes nuevos padres, uno de ellos todavía de uniforme, arropaban a sus inquietos bebés en hileras de sillas de plástico y bancos de madera recién construidos. En la parte delantera de la sala, una enorme mesa hacía de altar. Detrás de ella, una ilustración en blanco y negro del legendario líder guerrillero Manuel Marulanda _ conocido por su apodo Tirofijo_ estaba clavada a las vigas que sostenían el tejado de lata.

“En nombre del padre divino y del espíritu santo, amén”, dijo el sacerdote mientras vertía agua de un recipiente sobre las cabezas de los pequeños.

“Amén”, respondieron los padres en un susurro.

En otros campos, los trabajadores de la Iglesia se han centrado en encontrar a familiares perdidos, utilizando tanto el poder de internet como los contactos de las parroquias. Las reuniones han acabado en emotivos encuentros y verdades incómodas.

Raquel Montano se reunió recientemente con su hermano, al que no veía desde hacía 23 años y que creía muerto. A veces le mostraba a sus tres hijos la única fotografía que tenía de su hermano desaparecido, diciéndoles: “El tío se fue un día y no supimos que pasó”.

“Venimos de una familia humilde, honesta, muy creyentes en dios. Y en realidad encontrar a mi hermano dentro de las filas (rebeldes) fue doloroso”, recordó.

Viajó siete horas hasta La Paz, donde su hermano vive con otros exrebeldes en casas de concreto de una planta recién construidas, junto a un camino de tierra que se vuelve impracticable cuando llueve.

Tras fundirse en un fuerte abrazo y chequear sus nuevos cabellos grises y sus ojos hundidos, confrontó a la esposa de su comandante.

“¿Qué clase de hermano devuelva las FARC a mí?”, preguntó.

“No es un asesino”, le aseguró la mujer.

Pese al encuentro, el hermano de Montano no regresará a su pueblo natal. No todos sus familiares han sido tan acogedores. Algunos no están listos aún para volver a hablarle.

Es un proceso de aceptación lento que Montano espera que algún día lleve al perdón.

“Colombia ha estado llena de violencia”, dijo. “Si dios nos ha perdonado, ¿cómo podemos no perdonarnos entre nosotros?”.

Fuente: El tiempo

CCN 2016 – 2017: soporte fundamental para el trabajo de la Iglesia Católica por la reconciliación y la paz

El 2016 fue un año de arduo trabajo y significativos resultados para la Comisión de Conciliación Nacional y sus colaboradores. Nuevos proyectos, aliados y cooperantes jugaron un papel determinante para que la CCN, bajo su propósito fundamental de contribuir a la búsqueda de la reconciliación y paz en Colombia, hiciera su aporte a la construcción de ese nuevo porvenir que tanto anhela Colombia, más consciente, más solidario, más justo y más comprensivo frente a las diferencias.

Dentro de los diversos proyectos desarrollados por la Comisión durante el 2016, cabe destacar el proyecto pedagógico para la reconciliación y la paz del país impulsado por la Comisión y la Conferencia Episcopal bajo la campaña denominada Acciones Conscientes y el trabajo realizado con víctimas del conflicto armado mediante el cual se consiguió construir una sistematización de las historias de las víctimas que asistieron a las negociaciones de La Habana, con el propósito de dejar un documento de memoria histórica que le permita a la sociedad reconocer lo que ellas plantearon allí. Labor que también se realizó con otras víctimas pertenecientes a las comunidades más vulnerables del país.

De acuerdo con Óscar Acevedo, Asesor Metodológico de la CCN, “con Acciones Conscientes se tuvo la oportunidad de integrar y articular a distintos actores de la pedagogía para la paz en las regiones, como gestores de paz, agentes de pastoral y comunicadores sociales, haciendo circular mensajes de reconciliación, orientados a tener mayor consciencia de lo que somos y lo que podemos ser cuando logremos la paz.” Uno de los logros más importantes obtenidos por la CCN durante el año pasado fue el de poder llevar a más lugares y dar a conocer a más personas las actividades realizadas, mediante plataformas de comunicación digital propias, aquellas que pertenecen a la Conferencia Episcopal de Colombia y las de instituciones y medios de comunicación aliados. Logrando con esto, multiplicar el mensaje, generar consciencia en un mayor número de personas y continuar siendo soporte fundamental para el trabajo de la Iglesia por la reconciliación y la paz.

En el caso de las plataformas de comunicación digitales propias, durante ese año la Comisión logró conseguir más de mil seguidores en los perfiles creados en redes sociales y espacios de publicación de contenido digital como Facebook, Twitter, Youtube y Soundcloud; la página web, por su parte, alcanzó cerca de 42.000 visitantes, cifra que muestra una evolución significativa frente a los años anteriores. La interacción y el trabajo realizado con líderes sociales y multiplicadores de distintos territorios del país fue uno de los elementos fundamentales para las actividades desarrolladas durante este año. Para ello, se contó con el apoyo de las comisiones de conciliación regionales, periodistas locales y aliados pastorales de Diócesis, Arquidiócesis y Vicariatos Apostólicos de distintas regiones del país, prestando especial atención a las regiones en las que el conflicto armado ha afectado mayoritaria y directamente el desarrollo humano, social, económico y territorial.

El 2016 permitió que la Comisión llevara a cabo cerca de 65 eventos, entre talleres, seminarios, charlas y diplomados. Actividades durante las cuales más de 8.000 personas participaron, en Bogotá y en cerca de 40 municipios. Entre los propósitos fundamentales de la CCN para el año 2017, según el Padre Darío Echeverri, Secretario General, se encuentran: el trabajo pedagógico con las comunidades y los diferentes actores durante la implementación de lo acordado en La Habana; la cooperación en la ambientación de la negociación entre Gobierno y  Eln, la coordinación y ejecución de la actualización del Acuerdo de Mínimos por la Paz y la Reconciliación y, principalmente, la búsqueda permanente de la reconciliación para el país.

Asesor Internacional de la CCN es condecorado por el Concejo del Líbano

“Por su loable labor social en beneficio de los más necesitados, brindando apoyo permanente a los procesos de paz que se han adelantado en Colombia, como miembro activo de la Diócesis del Líbano – Honda y de la Comisión de Conciliación Nacional-CCN”.

Así fue descrita la razón fundamental por la cual se otorgó reconocimiento este lunes 28 de noviembre a Stephan Miethke, quien desde hace cerca de cinco años se desempeña como Asesor Internacional de la Comisión de Conciliación Nacional

La exaltación fue otorgada a este lingüista e historiador alemán durante una ceremonia especial realizada en el municipio del Líbano (Tolima), mediante resolución emitida por la Mesa Directiva del Concejo de esa región, lugar en el que vivió el Asesor durante once años y en el que nació la Fundación Hogar del Niño y San Nicolás, de la cual Stephan es miembro activo.

Hace 25 años Miethke, nacido en la región de Renania ubicada al extremo oeste de Alemania, llegó por primera vez a Colombia gracias al gemelage de la Diócesis de Aquisgrán (Alemania) con la Iglesia Católica en Colombia. Desde entonces, se enamoró de Colombia y decidió vincularse con instituciones nacionales para contribuir con diferentes causas sociales, formativas y políticas en el país.

En la actualidad, la Comisión de Conciliación Nacional realiza diferentes actividades de incidencia política en el Tolima, trabajando específicamente en temas de reconciliación y paz, para las que el apoyo de Stephan ha sido fundamental.

La paz no quedó herida sino reforzada: monseñor Castro

El prelado con más cercanía a los diálogos de paz es el actual presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis Augusto Castro.

Su voz ha sido escuchada en distintos escenarios donde el tema de la guerra ha concitado la presencia de estamentos sociales, políticos, gremiales y gubernamentales del país.

Hoy, su pensamiento sobre el significado del acuerdo de cese bilateral al fuego en La Habana, y lo que representa para el país luego de 52 años de lucha fratricida, tiene especial importancia no solo por su investidura religiosa, sino por su permanente trabajo social y humanitario en favor de esta causa.

DIARIO DEL HUILA lo invitó a expresar sus opiniones, en esta entrevista, sobre la visión que tiene del futuro de Colombia en las postrimerías del más largo y dramático período de violencia que ha vivido el país.

¿Qué significado tiene para la iglesia católica la firma del acuerdo de cese bilateral al fuego?

He visto una decisión muy firme por parte de la guerrilla y naturalmente del Gobierno, creo que lo que se firmó en La Habana verdaderamente es el punto final a la guerra de 52 años, ni más ni menos. Faltan algunos puntos por definir en las próximas reuniones, pero ellos no van a interferir en esta decisión que se ha tomado. Me parece que es algo muy bonito porque es el último paso en la eliminación del conflicto para llegar a la nueva etapa que es el posconflicto, que significa la reconstrucción de Colombia, eliminando todos los aspectos que dieron lugar a la guerra y poniéndola a vivir en paz.

Monseñor, usted conoce muy bien esta zona del sur del país, el Huila y el Caquetá. ¿Qué le dice hoy a los grupos armados que usted conoció en el ejercicio pastoral, y que por muchos años azotaron a la población?

Que nunca más vuelvan a darse esas acciones que fueron dolorosas y dramáticas. Hubo muertes, secuestros, incluso aéreos. Fue todo un sufrimiento de estas comunidades tanto de la capital como de todo el departamento. Ahora espero que eso no vuelva a suceder, pero naturalmente, se necesitará tiempo para que la gente que se ha vuelto pesimista empiece a dejar que crezca un tris de optimismo en relación con la paz.

Uno de los puntos polémicos es el de la reparación de las víctimas, que para muchas familias afectadas aún no está claro. ¿Cuál es la posición de la iglesia frente a este tema?

Siempre la posición de la iglesia es apoyar a las víctimas y que no haya impunidad. Que las víctimas tengan verdad, justicia y reparación. Que tengamos la confianza de que esas cosas no se van a repetir y que lo firmado en La Habana nos dé esa seguridad. Algunos guerrilleros locatos estarán pensando en no entrar en este proceso, pero son decisiones que la misma organización de las FARC las van a controlar. Lo que sí esperamos es que las víctimas tengan el debido reconocimiento y que lo que se ha firmado sirva para la no repetición de estos actos. Las víctimas han sido tenidas en cuenta en La Habana, yo mismo las acompañé durante seis veces para encontrarse con la mesa de negociación, tanto con la guerrilla como el Estado.

Fueron encuentros muy buenos no solamente porque pudieron hablar de su tragedia y sufrimiento, sino también porque cada uno, escuchando a las demás víctimas, se daba cuenta que no había sido la única persona que vivió ese sufrimiento y que habían otras con dramas más graves. Eso ayudó a relativizar las cosas para sanar las heridas. Todo lo que se ha hecho es un gran mensaje para las víctimas y para algunos pesimistas que hoy pueden empezar a reconstruir su vida con optimismo.

Otro hecho que preocupa a muchas familias es la falta de claridad por parte de las FARC, de la suerte de algunos secuestrados y desaparecidos, de los cuales no se tiene ninguna información. ¿Cree usted que esta incertidumbre le puede restar confianza y credibilidad al proceso de paz?

En todo el sistema de justicia que se diseñó en La Habana, hay un punto muy importante que es el relacionado con la Comisión de la Verdad, para identificar a los desaparecidos y a los muertos. Este es el punto más triste cuando termina una guerra en cualquier parte del mundo, tener que establecer qué pasó con esas personas. Eso también está programado para que se haga y que las familias puedan tener en la medida de lo posible, la verdad de lo que aconteció.

Distintos sectores de opinión han venido discutiendo la conveniencia o inconveniencia de que las FARC hagan política y participen en las decisiones democráticas. ¿Usted, monseñor, es partidario de que los exguerrilleros intervengan en los procesos electorales?

Es que si no se les da posibilidad de ese ejercicio volvemos al comienzo, porque las FARC surgieron precisamente porque no tenían la posibilidad de hacer política. Entonces, se fueron por el lado más trágico que es el de la guerra, porque no había otra manera de entrar a reclamar y luchar por la justicia para un país diferente. Ellos tienen que hacer política porque después de las debidas reparaciones tienen que integrarse a la sociedad como ciudadanos normales, con todos los derechos. Algunos tendrán que pagar penas por los delitos si fueron atroces y otros no. Pero entonces, hay que dejar la puerta abierta para que el movimiento pueda hacer política en un país que es democrático y donde no hay una política excluyente como la hubo en el pasado.

El interrogante que se plantea hoy es, si el país está preparado para el pos-conflicto. ¿Qué cree usted, monseñor?

Es una pregunta difícil de contestar, si está preparado o no. Yo creo que mentalmente el país está preparado; es decir, todos quieren apoyar la paz. Es que la construcción de la paz es precisamente el pos-conflicto, que económicamente puede costar mucho y por eso, deben diseñar muy bien su financiación. Claro está, que tenemos apoyo internacional para adelantar esta parte. El que Colombia no tenga los recursos suficientes es simplemente por una situación mundial, no es ni siquiera interna del país. Todos sabemos que fue la caída del petróleo, y la subida del dólar que elevó la deuda externa y otros factores. Pero todo esto tendrá que mejorar como se prevé. El pos-conflicto no es cosa de tres meses, es por lo menos de 10 a 15 años, así que hay tiempo para que Colombia vaya buscando los recursos y enfrentando los desafíos de este proceso.

Se afirma que si el Gobierno no llega prontamente a un acuerdo con el ELN, el proceso de paz queda incompleto. ¿Así lo visualiza usted?

Evidentemente. Si el ELN no entra al proceso de paz, este queda incompleto, por eso se está haciendo todo el esfuerzo, al cual se ha unido la iglesia para motivar al ELN de que siga con los diálogos. El problema que se armó fue por los secuestros, pero yo creo que lo mejor sería que empezaran a dialogar y que pusieran como primer punto el secuestro, para definir qué vamos a esperar de ese grupo guerrillero.

Hoy, la imagen del presidente Santos está en niveles muy bajos, eso, en su opinión, ¿podría afectar el plebiscito para la refrendación de los acuerdos?

Entre las cosas que se firmaron en La Habana, estaba que ni el Gobierno ni la guerrilla se ponían a definir estas cosas, sino que ellos aceptaban la decisión que tomara la Corte Constitucional. Entonces, esperamos que el alto tribunal apoye el plebiscito, pero me imagino que los hechos que han acontecido ayudan a que los colombianos le apuesten al plebiscito.

¿Qué concepto le merece la frase lapidaria que lanzó el expresidente Álvaro Uribe, cuando dijo que con la firma del acuerdo de cese bilateral, la paz quedó herida?

Eso depende de la visión de paz que uno tenga. Si la visión que uno tiene se parece a la paz romana que significaba que el triunfo equivalía a eliminar completamente al enemigo, pues sí, pero esa no es la visión de paz que tenemos los colombianos, en su mayoría. La visión de paz no es acabar con todo, sino buscar a través del diálogo la recuperación de todos, porque una victoria a pura fuerza o guerra, siempre despierta fuertes deseos de venganza. Entonces, con lo que se hizo en La Habana, la paz no quedó herida sino reforzada. Tal vez, la paz del expresidente Uribe sí, pero la paz que concebimos nosotros es una paz de convivencia sana, como nos habla Jesús en el Evangelio.

¿Cuál es el mensaje de la iglesia a los colombianos en las postrimerías de este largo conflicto, para que se mantenga la esperanza y la fe en un mejor futuro de paz y reconciliación en el país?

Yo quiero hacerles ese llamado a los colombianos, a que sigan trabajando por la paz. Trabajar por la paz tiene muchos frentes, uno de ellos es pasar por ejemplo, de la desesperación a un poco más de optimismo y esperanza. Eso es construir paz. Son muchos los colombianos que han quedado heridos, basta pensar que en las listas oficiales hay ocho millones inscritos y cada víctima tiene como mínimo dos personas que participa del mismo dolor y de la misma tragedia. Entonces, hay 24 millones de víctimas y de ellas algunas han superado su situación, pero otras deben tener en el corazón heridas profundas y ganas de venganza. Para ellos, la paz está superando todos estos sentimientos. Sabemos también que el país está haciendo un esfuerzo por aclarar todo lo que aconteció y por tomar en serio el drama de las víctimas. La invitación mía es a que se apoye el proceso de paz y que oremos para que la guerrilla dé muestras claras con su actuar cotidiano de que definitivamente dejó atrás ese accionar y se integró en un propósito de paz. En ese sentido, también hay que tener presente que en La Habana se decidió que se iban a destruir todas las armas y que serían las Naciones Unidas las encargadas de hacer ese seguimiento, para que no quede duda de que alguien las escondió para seguir en el conflicto. Entonces, que mi Dios nos dé su paz y nos haga a todos grandes constructores de paz en este país.

Por: Redactor Diario del Huila

Iglesia: nuevos dirigentes deberán ser los constructores del posconflicto

El presidente del Episcopado colombiano monseñor Luis Augusto Castro celebró que las elecciones del pasado 25 de octubre hayan sido catalogadas como las más pacíficas de la historia y aseguró que es un signo positivo.

“Vamos caminando hacia la paz dejando atrás la violencia. El diálogo es más ventajoso que otro tipo de violencia y perfecto para superar los conflictos sociales. Vamos preparándonos para el posconflicto, que significa un aprendizaje de vivir en paz”, aseguró el jerarca de la iglesia.

Monseñor Castro también fue enfático en asegurar que tras estos comicios tiene que haber una política incluyente y no excluyente como la que, según él, se ha vivido en el país. Así mismo pidió que se renueve una economía solidaria con los demás ya que en Colombia reina la inequidad, a la que calificó como vergonzosa.

Castro también recomendó un programa de trabajo para los nuevos mandatarios con tres cimientos importantes; la ética para luchar contra la corrupción, el crecimiento espiritual que significa perdón y reconciliación, y un nivel cultural alto que promueva la cultura de la ciudadanía y la vida.

Fuente: La fm Noticias

Presidente Santos visitando al Papa Francisco

¿Tendrá el Papa un papel mediador en el proceso de paz?

Presidente Santos visitando al Papa Francisco

El asunto quedó al descubierto luego del encuentro entre el presidente Santos y el papa Francisco, este lunes en la Santa Sede.

EL TIEMPO pudo establecer que ya por su parte las Farc le habrían hecho saber a las autoridades de Roma que serían partidarias de que el Papa jugara un papel (todavía no se sabe cuál) en el proceso de La Habana. Y ahora el Pontífice le ha dicho al presidente Santos que está dispuesto a hacer lo que pueda para ponerle fin al conflicto colombiano.

El mismo Santos, al salir de su encuentro con el Papa les dijo a los periodistas que cualquier papel que pueda tener el jefe de la Iglesia Católica tendría que ser un acuerdo de las partes. Y aunque no hay nada definido no lo descartó.

Al parecer las Farc tienen suficiente información del papel definitivo que tuvo el papa Francisco en la reconciliación de Washington y La Habana y aspirarían a contar con su apoyo.  Santos en cambio sí fue mucho más expresivo. “Necesito su apoyo, necesito su iluminación para que este proceso salga adelante” le dijo.

Si llegara a darse ese paso, las condiciones para cualquier papel mediador entre las partes, este sería muy discreto. Prueba de ello es que solo hasta cuando se produjeron los acuerdos entre Estados Unidos y Cuba se supo que el papa Francisco había sido uno de sus facilitadores.

También cuenta mucho en la construcción de esta hipótesis lo que el Papa le dijo a Santos en El Vaticano este lunes a propósito de su visita a Colombia. Aunque no confirmó plenamente la fecha en la que haría el viaje, sí le dijo que si el proceso de paz avanza y se firma el fin del conflicto, su visita estaría asegurada para el próximo año.

Otro factor que podría incidir para que el Papa tenga alguna participación en el proceso de paz es la presencia del cardenal Parolin como secretario de Estado de El Vaticano. Parolin fue nuncio apostólico en Venezuela durante cuatro años y tuvo siempre buenas relaciones con el entonces presidente Hugo Chávez. Conoce el problema con mucha claridad. De hecho en la reunión de orden estatal que Santos tuvo con él en Roma, preguntó por muchos detalles del proceso. Sus preguntas, según observadores del encuentro, denotaban el conocimiento del tema, pero también el claro interés de la Iglesia que representa en ayudar a Colombia.

Parolin tiene hoy mucha influencia en el Vaticano. Es el segundo hombre en importancia después del Papa. La canciller colombiana, María Ángela Holguín, quien lo conoció bastante cuando se ocupaba como nuncio en Caracas, lo ha visitado en Roma en tres oportunidades.  Lo que si es cierto es que el Papa no es indiferente a la búsqueda de La Paz en Colombia. La confesión de Francisco de que Santos es el mandatario por el cual más ha rezado, habla por sí sola. Pero, además, al Papa le gusta mucho la Ley de Víctimas que el presidente Santos ha puesto en marcha. A menudo habla de ese tema con sus asesores.

Después de lo que el papa Francisco influyó de la manera como lo hizo para lograr uno de los acuerdos políticos más importantes del mundo, la aproximación entre Washington y La Habana, no sería extraño que el Pontífice se convierta en la figura clave para acelerar el proceso de paz con las guerrillas y superar el conflicto armado de más de 5 décadas en Colombia.

Fuente. Periódico el Tiempo

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