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Comunidades que construyen memoria histórica desde el Urabá chocoano

Según la Sagrada Biblia, Gilgal es el nombre del primer campamento de Israel después de haber cruzado el río Jordán; es un lugar sagrado que representa un nuevo comienzo. En la región del Urabá, en el norte del departamento del Chocó, concretamente en el municipio de Unguía, hace alrededor de 60 años pastores evangélicos provenientes de los departamentos de Córdoba y Sucre fundaron un corregimiento con el mismo nombre, una tierra prometida de la que habían escuchado cuando buscaban tierras para poder cultivar y forjar sus hogares.

Para llegar hasta él hay que embarcarse en una “panga” (así se le denomina a las lanchas en la región) en el puerto de Turbo y navegar durante 90 minutos por el Golfo de Urabá y el río Atrato hasta llegar a otro puerto artesanal en la localidad de Santa María. Posteriormente, se debe tomar un carro de servicio público (solo hay una opción) o una moto taxi para transportarse 15 kilómetros más hasta llegar al pueblo de Gilgal.

Según relatan sus habitantes, desde 1996 este corregimiento ha sufrido de forma directa a causa del conflicto armado. Diversos grupos al margen de la ley han intentado apoderarse de su territorio, atentando indiscriminadamente contra la vida y la tranquilidad de sus habitantes. Así mismo, las condiciones en las que han tenido que vivir también los han convertido en víctimas del abandono institucional; la precariedad de la salud, las deficiencias en infraestructura, la falta de agua potable y luz, el comercio escaso y las pésimas condiciones de interconexión, así lo dejan notar.

En Gilgal, específicamente en el Instituto Comunitario Regional Alcides Fernández (ICRAF), cerca de 40 personas, entre docentes, líderes comunitarios, líderes indígenas y estudiantes, provenientes del área urbana de Unguía y de localidades como Santa María, Tanela, Titumate y del Resguardo Indígena de Cuti se reúnen cada quince días para hacer posible el Diplomado en Memoria para la construcción de una cultura de reconciliación y paz. Se trata de una iniciativa pedagógica de la Iglesia Católica que facilita la Comisión de Conciliación Nacional (CCN) con el apoyo de la Diócesis de Apartadó y Cordupaz (Corporación Desarrollo y Paz de Córdoba y Urabá).

Bajo metodologías teórico prácticas y respetando los saberes propios, temas como memoria, memoria histórica, nociones sobre derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario y tipos de justicia, han hecho parte del desarrollo de los encuentros en los que el compromiso y deseo de los asistentes por aportar a la reconciliación y la paz de su región se hace evidente en su alta participación, motivación y dinamismo.

En el marco de esta iniciativa, los días viernes 12 y sábado 13 de julio se encontraron los participantes con Rogence Veloza y Francisco Montoya, facilitadores de la actividad vinculados a la Comisión de Conciliación, para desarrollar actividades relacionadas con la construcción de su memoria histórica. En la tarde del viernes, dicho propósito se estimuló a partir de la fotografía, Rogence y Francisco, prepararon una exposición con imágenes antiguas de momentos importantes vividos por la comunidad.

En las fotografías recopiladas se podía observar cómo en Gilgal primaba el trabajo colaborativo y cooperativo. Sus habitantes (varios de ellos participantes del diplomado, otros, hijos o nietos de sus protagonistas) organizaban convites para sacar adelante construcciones de vías, casas, iglesias y puestos de salud; dinámicas solidarias que en muchas ocasiones eran animadas por líderes religiosos de la época, tanto de la iglesia evangélica como de la católica, sin ningún tipo de problema o exclusión. Prácticas que fueron posibles hasta que el conflicto empezó a arrebatarles su tranquilidad.

En el ejercicio, poco a poco los participantes fueron realizando el recorrido, contemplando y rescatando recuerdos de épocas y personajes memorables que reflejaban su identidad, sus costumbres y, especialmente, prácticas que afianzaban su convivencia y les permitían disfrutar del territorio en el que estaban. Un proceso que de acuerdo con los facilitadores de la CCN les permite hacer memoria desde lo positivo, entender en qué momento el conflicto empezó a cambiar eso, recordar con alegría lo que fueron y a quienes ya no están, e intentar buscar la forma de recuperar costumbres sanas perdidas para reconstruirse y fortalecerse de nuevo como comunidad.

“Estas imágenes nos permitieron recordar que antes no había reparo de nada, todos sentíamos lo mismo, alegría de estar aquí y por eso nos uníamos tanto en torno al mismo fin”, precisó Candelaria Ariza, una profesora cartagenera que llegó hace 45 años a Gilgal, se enamoró de la región y su gente y decidió entregar su vida al servicio de la educación de cientos de niños y jóvenes del municipio de Unguía. La también profesora Liliana Patricia Guerra, oriunda de Gilgal, agregó: “reviví muchos recuerdos, sentí nostalgia por encontrar personas que trabajaron mucho por el desarrollo de nuestra comunidad y que hoy ya no están”.

Tras las historias y manifestaciones de añoranza que poco a poco fueron surgiendo luego del ejercicio de visualización, el profesor Jorge Eleázar Naranjo, rector del Instituto Comunitario Regional, invitó a sus compañeros a no perder la esencia de esas actividades maravillosas que los unían y que sacaban lo mejor de cada uno; a propósito de otros momentos visualizados en las fotografías, animó a rescatar con las nuevas generaciones aquellas actividades lúdicas populares sanas que realizaban, como la que denominaron “maratón de la amistad”.

El día sábado 13 de julio el encuentro en el ICRAF para desarrollar la cuarta sesión del diplomado inició a las 8:00 a.m. Un ejercicio de reconocimiento y apropiación con alimentos que producen las fructíferas tierras de esa hermosa región chocoana, fue la primera actividad reflexiva a partir de la cual empezaron a dialogar y recordar su identidad.

En el centro del salón los facilitadores elaboraron una especie de altar con productos representativos de la economía y cultura alimentaria del municipio como la hoja de plátano, el mango, la fruta de los siete sabores, la guanábana, el maíz y el arroz. “Todo lo que ven aquí crece en esta tierra, yo quiero que cada uno tome algo que sienta que tiene que ver con la historia de Unguía o que le recuerde algo personal de su niñez y nos lo comparta”, agregó Rogence. Bajo esta indicación y alrededor de los frutos, los participantes contaron historias y entendieron el sentido de esta apropiación.

El resto del encuentro se realizó en torno a la comprensión de la importancia del trabajo comunitario desde el enfoque diferencial; el facilitador puntualizó los conceptos y, posteriormente, los invitó a realizar un ejercicio de construcción de memoria histórica sobre la realidad de sus comunidades articulado a tres enfoques específicos: niños, niñas y adolescentes, mujeres y comunidades étnicas. Por grupos, los participantes intercambiaron percepciones sobre estas dimensiones y en plenaria expusieron sus aportes sobre lo que desde la realidad del municipio se debe tener en cuenta en este trabajo de memoria.

Animar a las comunidades facilitando el diálogo de saberes y rescatando elementos culturales propios de cada región, para brindarles herramientas conceptuales y prácticas que aporten a este importante trabajo construcción de memoria histórica enfocado a la reconciliación, es uno de lo objetivos centrales que tiene la Comisión de Conciliación Nacional con este proyecto que se hace posible gracias al apoyo solidario de la Embajada de Alemania. Paralelamente, en la región del Urabá, se viene desarrollando el diplomado con un variado y comprometido grupo líderes en el municipio de Apartadó.

De acuerdo con el Padre Darío Echeverri, Secretario General de la Comisión de Conciliación Nacional, al finalizar el proceso en ésta y cinco regiones más del país, la CCN espera documentar con textos y productos audiovisuales los ejercicios adelantados, destacando hechos memorables de cada región en la que se trabaja la iniciativa, para aportar a la visibilización de las comunidades y a la verdad del país (necesaria para avanzar en el camino de la reconciliación); para que se pueda replicar la iniciativa en otras regiones; y para facilitar que los procesos de construcción iniciados en el marco del proyecto, puedan tener continuidad en las comunidades bajo su propio liderazgo.

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